jueves, 6 de junio de 2013

LA REPRESIÓN Y LOS BUENOS CHICOS


      Que la historia es cíclica no es nada nuevo. Los patrones se repiten a lo largo de los siglos inexorablemente, el aprendizaje colectivo respecto a lo que a la historia concierne es desesperadamente lento. Aquellos que somos más o menos conscientes de las meteduras de pata cíclicas como sociedad, estamos condenados a ser una minoría de incomprendidos, soñadores, lunáticos... Aún más desesperante resulta la total incapacidad de aprendizaje que se observa dentro del movimiento contestatario, las traiciones y cagadas se esparcen por el tiempo siguiendo patrones reconocibles. Podemos leer un rifirrafe entre La Antorcha y La Protesta y pensar que se escribió anteayer cuando en realidad lleva casi un siglo escrito. Lo mismo cuando leemos sobre el enfrentamiento entre trentistas e insurreccionalistas (los de los años 30, o sea, Durruti & co., no me refiero a los de Bonanno, aunque cabe destacar como es que aquellos insurrecionalistas fueron hechos santos y mártires de la causa por el anarco-stablishment confederal mientras que los actuales son demonios, locos e infiltrados títeres al servicio del Estado y el capital). Los partidos políticos de izquierda siguen traicionando una y otra vez a lo largo de la historia a la masa a quien pretende abanderar hacia la supuesta liberación, que no es más que el afianzamiento en el poder de la casta burocrática que dirige dichos partidos, y la masa, la gente de a pié sigue perdida en la niebla buscando referentes a los que seguir, sin darse cuenta que esa búsqueda está irremediablemente condenada a la decepción...
   Como siempre a lo largo de la historia sigue habiendo quien se rebela, quien emprende un camino incierto de lucha sabiendo que la consecución de cualquier objetivo por nimio que sea se encuentra lo bastante lejos como para no poder alcanzarla con la vista. La lucha entre oprimidos y opresores es una constante en la historia, unos y otros nos asestamos golpes con mayor o menor acierto, cada bando llora a sus víctimas y ensalza a sus héroes. La represión es una constante en la historia de la lucha contra la opresión del hombre por el hombre (o de la mujer por la mujer, la mujer por el hombre y viceversa). Hacer de esta un hecho excepcional nos hace frágiles y ciegos. Intentar buscar motivaciones y culpabilidades que no sean las del propio sistema dominante confunde a aquellos que se tragan las consignas como dogmas y carecen de la suficiente capacidad crítica y sentido común como para valorar otras posibilidades diferentes de la verdad oficial que ofrece el stablishment alternativo, se repite el comportamiento de la gran masa frente a las verdades oficiales de los mass-media solo que en este caso la verdad oficial parte de la organización-partido, del sindicato o del movimiento según el caso. Esta situación se repite una y otra vez, es curioso ver como desde la transición hasta nuestros días el Caso Scala sale a la luz cada vez que, o bien se sucede un golpe represivo (se habla de montajes) o bien ocurre un ataque decidido y violento perpetrado por compañeros (en este caso se habla de infiltrados y provocadores). Los agoreros del movimiento amenazan con la destrucción del movimiento como el cura amenaza con el infierno, sin contar que para destruir el movimiento primero tiene que haber un movimiento real al que destruir, y siendo francos, más que un movimiento lo que hay es un ligero “meneillo”. Una y otra vez se repite la misma perorata sobre el Caso Scala y el daño que este hizo al movimiento, “...la CNT quedó diezmada...”, “...Martín Villa nos asestó un duro golpe...”, “...los ilusos que se dejaron seducir por el engaño de la acción contribuyeron a la destrucción de todo lo que habíamos logrado...”, “...para el régimen era más peligrosa la CNT que la ETA...”, de tanto oírlo ya aburre. Esta claro que el Caso Sacala fue obra de un infiltrado, está claro que fue trágico para las víctimas (algunos de ellos afiliados a la CNT) que murieron en el incendio, pero descargar toda la responsabilidad del desmoronamiento de la lucha anarquista a los hechos del Scala es algo desproporcionado e irresponsable, eso sí, es útil para no asumir responsabilidades, para no hacer autocrítica de como si vendes una moto descafeinada, a la que las cosas se complican parte de los “traga-motos-de-manera-acrítica” salen en desbandada, es útil para no asumir responsabilidades respecto a lo asquerosamente dañinas eran y son las pugnas de poder y “batallitas” entre “familias confederales” y de como estos asuntos monopolizaban el tiempo, los esfuerzos  y la paciencia de la mayoría de la organización y espantan a cualquiera que se tome la CNT como lo que debería ser, una herramienta para gestionar y coordinar las luchas contra el opresor y para acabar con la explotación del hombre por el hombre (la mujer por la mujer, etc,etc,etc.), es útil para no asumir responsabilidades en el hastío y desmotivación que se fomenta con la afición a la expulsión cual tribunal de la anarcoinquisición de cualquier sindicato, grupo o organización que se desvíe de las directrices marcadas por la jerarquía dominante en ese momento, (¡joder que parecemos comunistas!), se llame expulsión-escisión CNT-CGT, se llame desfederados o Joaquín Costa en Catalunya, o tantas y tantas actitudes mezquinas más propias de partidos autoritarios que de organizaciones anarquistas. ¡Parecía que la expulsión del disidente era el deporte de moda en el movimiento!, y eso no, eso no tira a la gente para atrás, que va... ¡la culpa es del Caso Scala y punto!.
   Aquí estamos, en pleno siglo XXI y todavía vendemos motos descafeinadas, nos somos capaces de ponernos de acuerdo para hacer un 1ºde Mayo unitario y combativo, y los compañeros que atacan al opresor son infiltrados, locos y provocadores... ¡y la culpa de todo la sigue teniendo el Caso Scala!
   Es bien cierto que el Estado se sirve de montajes para atacarnos, pero eso no indica que seamos buenos chicos, tan sólo indica que en esos momentos los servicios de coerción de la maquinaria represiva son tan patanes como para no encontrar pruebas reales con las que acusarnos y se las tienen que inventar. Basar la defensa en la inocencia es cosa de los abogados y decisión personal del acusado, basar la defensa en la inocencia de los compañeros por parte del movimiento-meneillo es irresponsable y perjudicial, sobre todo para aquellas futuras detenciones en que la inocencia es improbable o se reivindica orgullosamente la culpabilidad como antaño se hacia de manera más o menos habitual. Esparcir alegremente el discurso de que somos buenos chicos, responsables trabajadores, ejemplares estudiantes, buenos padres de familia y que las bombas, el fuego y el puñal no es cosa de los anarquistas buenos, es mezquino, ruin y sobre todo mentira, una gran mentira que se vuelve arma mortal contra los compañeros de acción que asumen las bombas, el fuego y el puñal como parte de la lucha contra el opresor. Dejemos para los tribunales y los perros del opresor el vocabulario repugnante de culpable o inocente, los represaliados son ante todo compañeros y como tales nuestra solidaridad y respeto es indiscutible. No por eso el apoyo incondicional se hace de manera acrítica, no quiero decir eso ni mucho menos, las críticas y las discrepancias son tan intrínsecas al movimiento como lo es la acción directa, siempre y cuando se hagan con el cuidado y la mesura necesaria como para que no sirvan de munición al enemigo contra nuestros compañeros.

Ellos buscan culpables, nosotros no somos inocentes...

Que la solidaridad entre ácratas no sea tan sólo palabra escrita.

Ácrata

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